La luz que ilumina el templo, el pan y el vino de la Eucaristía, la formación de nuevos sacerdotes, la ayuda a los más necesitados y hasta los espacios de encuentro y oración requieren un sustento económico. La Iglesia no es una entidad abstracta, es una comunidad viva que necesita medios para seguir en pie y cumplir su misión.
El sostener la Misión tiene tres aspectos fundamentales: el primero es la necesidad de hacer catequesis sobre esta temática junto al Pueblo de Dios, que tiene que conocer y recordar permanentemente que la Iglesia necesita sostenerse con el aporte de sus fieles. Más allá del aporte económico o más allá de qué es lo que puedo colaborar, es primordial la necesidad del compromiso y del sostenimiento como parte de la expresión de un vínculo comunitario que nos da la Fe. Es bueno recordar lo que decía en su momento el Plan Compartir y el recordado y querido Monseñor Carmelo Giaquinta: no se trata solo de dinero, sino de tiempos y talentos.